Harakiri (1962), dirigida por Masaki Kobayashi, no es solo una película de samuráis: es una bofetada elegante al honor hipócrita del sistema feudal japonés. Y sí, es de esas pelis que aunque sean en blanco y negro y vengan de lejos, te sacuden el alma si les das una oportunidad.
La historia arranca con un ronin (samurái sin amo) llamado Hanshirō Tsugumo que llega a una casa samurái pidiendo permiso para hacer harakiri (suicidio ritual). Hasta aquí parece el típico drama de samuráis, ¿no? Pues no. A medida que Hanshirō cuenta su historia, la película desmonta pieza a pieza ese ideal romántico del “honor samurái” que tanto se venera.
La trama se convierte en una crítica durísima pero elegantísima a una sociedad que valora más las apariencias que la compasión. Lo que empieza como un simple ritual, se transforma en una historia de injusticia, venganza, orgullo y humanidad pisoteada. Y lo hace con una tensión que te atrapa, incluso sin apenas acción durante buena parte del metraje.
Visualmente, es una joya. Los encuadres, la composición de cada escena, el uso de los silencios… todo está medido con precisión quirúrgica. Y cuando llega la acción, es brutal, seca, sin florituras ni coreografías bonitas. Solo violencia real, incómoda y necesaria.
Imágenes
¿Qué tiene de especial?
La forma en que te desmonta el mito del samurái sin necesidad de gritarlo. Es una peli que te deja pensando: ¿vale más el honor que la vida humana? Además, el protagonista, interpretado por Tatsuya Nakadai, está inmenso. Te transmite furia contenida, dolor, dignidad… todo sin exagerar ni una ceja.¿Lo malo?
Puede parecer lenta si estás acostumbrado al ritmo moderno. Hay que entrar en su tono pausado y dejar que te lleve. Además, si buscas una peli llena de espadas y duelos todo el rato, esta no es para eso. Aquí la pelea más dura es moral.¿Fácil de ver?
Si no te asusta el blanco y negro, los diálogos largos y el cine japonés clásico, sí. Pero exige atención y paciencia. No es para tener de fondo.¿Recomendada?
Muchísimo. Es de esas pelis que no solo ves, sino que te quedas dándole vueltas días después. Y si te interesa el cine con algo que decir, con peso y con clase, Harakiri es una obra maestra obligatoria.Curiosidades
Mientras filmaba, Nakadai Tatsuya tenía miedo durante la mayoría de las escenas de lucha de espada y lanza porque se usaban espadas reales, una práctica ahora prohibida en las películas japonesas. Su preocupación no se alivió a pesar de que los espadachines profesionales fueron empleados durante el juego de espadas coreografiado.
Esta película es un ejemplo de cómo Masaki Kobayashi se opuso a la idealización del sistema feudal de Japón. La película desafía repetidamente el sistema de honor del samurai. Desafiar tales nociones era parte de un movimiento posterior a la ocupación en Japón.
Seppuku y harakiri (el título de trabajo de Estados Unidos) significan cometer suicidio ritual en japonés. Sin embargo, seppuku es el término formal, derivado de los caracteres kanji para "hara" (vientre) y "kiri" (corte); harakiri es el término más crudo y menos educado para este acto.
La armadura que vemos al comienzo de la película es la armadura samurai tradicional conocida como karuta. El casco se conoce como el Kabuto y el protector facial o la máscara se conoce como el Mengu.
Citas
Tsugumo Hanshiro: Después de todo, esta cosa que llamamos honor samurai no es más que una fachada.
Tsugumo Hanshiro: Cuando todo está dicho y hecho, nuestras vidas son como casas construidas sobre cimientos de arena. Un fuerte viento y todo se ha ido.
Tsugumo Hanshiro: Lo que les sucede a los demás hoy, puede ser tu propio destino mañana.
RESEÑAS CORTAS
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